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viernes, 28 de junio de 2013

VLmundo │ El papa Francisco eligió empezar su reforma de la Curia por la parte más difícil: las finanzas sospechosas de la Santa Sede 
Crédito foto: AFP


Monseñor Nunzio Scarano, prelado de Salerno, acaba de ser detenido bajo acusación de reciclado y corrupción. Scarano era funcionario de la APSA (Administración del Patrimonio de la Santa Sede) y habría pactado con un miembro de los servicios secretos italianos el traslado de fondos millonarios desde Suiza en un avión privado.

Este nuevo escándalo que vincula a una personalidad de la Iglesia con transacciones financieras dudosas –posible lavado de dinero– pone en el tapete la reciente decisión papal de crear una comisión de investigación sobre el funcionamiento del Instituto para las Obras Religiosas (IOR, nombre oficial del banco vaticano).

Sorprendió –a los entendidos– el hecho de que el papa haya comunicado su decisión a través de lo que los italianos llaman chirografo (documento autógrafo), como para subrayar su voluntad personal de que este tema se resuelva. “Su estilo confirma una determinación que atemoriza”, fue la reflexión del ensayista y periodista, Massimo Franco, miembro del Instituto Internacional de Estudios estratégicos de Londres, en elCorriere della Sera.

Por motu proprio, Francisco quiere abrir la caja de Pandora, liberar lo que ésta encierre, saber qué pasa dentro del Banco. Para la comisión que creó, no habrá secreto bancario que valga, puesto que la ha dotado de poderes ilimitados para recabar toda la información necesaria a fin de cumplir la misión asignada.

El Papa busca respuesta a dos cuestiones. Por un lado, saber si el IOR funciona adecuadamente; por el otro, si ese funcionamiento es coherente con el modo en el cual debe actuar la Iglesia Católica. Francisco quiere convertir al IOR en una herramienta estrictamente vinculada a su fin original: destinar los bienes y los fondos a “obras de religión y caridad”. Para ello, la comisión deberá examinar “la posición jurídica y las actividades del Instituto para (una mejor armonía) con la misión de la Iglesia universal y la sede apostólica”. Los cinco comisarios deberán informar al Papa del resultado de su trabajo.

No son pocos los cardenales que piden que el Vaticano cierre su banco. Para algunos, la presencia de dos estadounidenses en la comisión es un dato que confirmaríalas presiones del episcopado de los EEUU antes del cónclave en favor de una limpieza drástica en el IOR. A juicio de Massimo Franco, el texto redactado por Francisco “deja adivinar un pragmatismo angloamericano en el cual el pontífice ha elegido inspirarse”.

Franco informa también que el Vaticano ha contactado a varios banqueros católicosinfluyentes para escuchar sus sugerencias sobre qué hacer con el IOR. En el rango de propuestas, tampoco faltó la de la clausura. Por otra parte, el papa también ha convocado a una consultora internacional cuyos agentes están instalados en el Instituto desde mayo revisando miles de cuentas corrientes. El Instituto está además reformado su sistema informático y entrenando a su personal de acuerdo con los estándares internacionales, para que puedan, por ejemplo, reportar operaciones sospechosas a la Autoridad de Información Financiera vaticana, (AIF) que dirige el experto suizo René Brülhart.

Recientemente, la AIF, creada en 2010 por Benedicto XVI, hizo público un informe sobre las transacciones que podrían reflejar intentos de lavado de dinero, detectadas en el último año.


La comisión de Francisco

La conformación de la comisión que investigará el IOR es signo de la ardua y vasta tarea que le aguarda. Su presidente, el cardenal Raffaele Farina, goza de “toda la confianza” papal, según el vocero vaticano, padre Federico Lombardi. Único italiano de la comisión, Farina es un salesiano muy respetado, que fue presidente de la Biblioteca y del Archivo secreto vaticano.

Monseñor Bryan Wells, joven asesor estadounidense de la Secretaría de Estado, será el secretario de la comisión. Su compatriota, Mary-Ann Glendon, preside actualmente la Academia Pontificia de Ciencias sociales.

El obispo español Juan Ignacio Arrieta Ochoa, miembro del Opus Dei, es secretario del Consejo para los Textos Legislativos, una suerte de consejo constitucional del Vaticano.

El cardenal francés Jean-Louis Tauran, que se hizo conocido del gran público al anunciar al mundo que Jorge Bergoglio –al que lo une una relación de amistad– era el nuevo papa, ya está vinculado al banco como miembro del consejo cardenalicio de vigilancia del IOR.

Poco antes de conformar la comisión, el Papa ya había nombrado a monseñor Mario Ricca –a quien conoció en Santa Marta–, de la que es director, como prelado interino del IOR, es decir, delegado suyo en el seno del banco. 

Monseñor Nunzio Scarano (izq.), detenido por su gestión al frente del Banco Vaticano. A la derecha, homilía del Papa Francisco.


Escándalos

Los cardenales que están en funciones en sus respectivos países recriminan a los que pertenecen a la burocracia vaticana el haber comprometido aún más la reputación de la Iglesia por su gestión torpe –cuando no deshonesta- de los escándalos que la afectaron.

A los casos de pedofilia, se sumó el llamado Vatileaks, la filtración de documentos privados sustraídos por el mayordomo del anterior Papa, Paolo Gabriele, que revelaron las luchas por el poder y las intrigas en el interior de la Santa Sede. Algunos creen que la propia operación de espionaje fue un complot de un sector para poner en evidencia al otro.

Monseñor Carlo Maria Vigano, una de las personas nombradas por Benedicto XVI para indagar en la administración vaticana, descubrió varios casos de sobrefacturación y favoritismo en la contratación de proveedores: un clásico de casi todos los Estados. Su denuncia permitió reducir costos pero le valió el “exilio” hacia Estados Unidos, como nuncio, por pedido de la Secretaria de Estado, que dirige Tarcisio Bertone. Una carta de Vigano a Benedicto con alusiones a la “administración fraudulenta” y la “corrupción” fue revelada por el Vatileaks.

La limpieza del IOR es sin dudas una de las tareas más duras que hereda el nuevo papa. La institución fue creada en 1942 por Pío XII, pero adquirió triste fama durante los escándalos de la década del 80.

En 1982, la quiebra del Banco Ambrosiano, una entidad católica de Milán, de la cual el IOR era el principal accionista, reveló lazos entre el banco vaticano y personas vinculadas a la mafia. Desde entonces, varios arrepentidos del crimen organizado han admitido que blanqueaban dinero procedente del narcotráfico, la extorsión y otros delitos a través del Banco Vaticano.

Frente de los Tribunales de Roma donde se sigue el caso Banco Vaticano (AP)

Al estallar el escándalo, Roberto Calvi, presidente del Ambrosiano y apodado “el banquero de Dios”, huyó de Italia con una falsa identidad para aparecer pocos días después colgado de un puente en Londres. Tras un primer veredicto de suicidio, la Justicia estableció que se había tratado de un asesinato. Una ejecución mafiosa.

Estos episodios están excelentemente recreados en la tercera parte de la saga de El Padrino, de Francis Ford Coppola.

Dilema papal: cómo poner fin a los escándalos del Banco Vaticano

viernes, 3 de mayo de 2013




VLmundo │ Benedicto XVI se marchó del Vaticano a su estilo, con todas las campanas de Roma diciéndole adiós y una superproducción de vídeo en directo siguiendo su helicóptero camino de Castel Gandolfo, donde tres horas después —a las ocho de la tarde del 28 de febrero— dejó por propia voluntad de ser Papa. La Iglesia, aún entonces bajo la conmoción de una renuncia marcada por los escándalos, quedaba a expensas de conocer el rostro, y sobre todo el perfil, del nuevo Pontífice. Este jueves, Joseph Ratzinger regresó al Vaticano. Lo hizo al estilo de su sucesor, sin televisión en directo ni ningún tipo de pompa. Solo fue distribuida una fotografía, en la que se ve al papa Francisco recibir a Benedicto XVI en la puerta del recién rehabilitado monasterio Mater Ecclesiae, donde el papa emérito vivirá a partir de ahora. Nunca dos papas habían convivido en el interior del Vaticano.

Durante los dos últimos meses, Joseph Ratzinger ha vivido en el palacio pontificio de Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros al sur de Roma. Allí fue visitado el pasado 23 de marzo por Jorge Mario Bergoglio, y ya entonces llamó la atención el deterioro físico del papa alemán. Ni un mes después de abandonar el papado, Benedicto XVI ya tenía que apoyarse en un bastón para caminar, su voz era más débil, estaba más delgado. Se especuló entonces con que Ratzinger pudiese estar muy enfermo, y la fotografía distribuida por L’Osservatore Romano incide ahora en su deterioro físico. De ahí que el portavoz del Vaticano, el jesuita Federico Lombardi, haya querido desmentir expresamente que Ratzinger esté enfermo: “El papa emérito es un anciano, debilitado por la edad, pero no tiene ninguna enfermedad”.

A falta de cámaras, el padre Lombardi contó algunos detalles del retorno de Benedicto XVI, vestido de blanco pero ya sin sus característicos zapatos rojos: “El papa Francisco le ha dado la bienvenida con gran y fraterna cordialidad. Después, juntos, se dirigieron a la capilla del monasterio para rezar. Benedicto XVI está feliz por volver al Vaticano, donde pretende, como él mismo dijo el 11 de febrero \[el día que anunció su renuncia\] dedicarse al servicio de la Iglesia mediante la plegaria”. También dijo durante aquellos días convulsos que, después de dejar la silla de Pedro, permanecería “escondido para el mundo”. Una determinación que tal vez podría haber llevado a cabo con más eficacia en cualquier monasterio perdido del mundo, pero ha preferido que sea aquí, en un Estado de apenas 40 hectáreas que vive en una total incertidumbre desde que fue elegido Bergoglio.

El tirón popular del papa Francisco, su capacidad para conectar con la infantería de la Iglesia mediante mensajes sencillos, contrasta con la preocupación con que vive la Curia sus primeras decisiones, que aún están por llegar. Su primera medida —además de renunciar a vivir en el lujo y en el aislamiento del apartamento pontificio— ha sido la de formar un comité de asesores integrado por cardenales muy ajenos, por no decir enfrentados, a las maneras vaticanas. Ni siquiera ha querido nombrar todavía a su secretario de Estado. Mantiene en su puesto al segundo de Ratzinger, monseñor Tarcisio Bertone, pero Bergoglio consulta a todos, vive en la residencia de Santa Marta, dice misa cada mañana rodeado de los empleados del Vaticano, nadie sabe qué va a hacer con la Iglesia a la vuelta del verano, pero a nadie se le escapa que será una Iglesia distinta. “Cómo me gustaría”, dijo delante de los periodistas de todo el mundo unas horas después de ser elegido papa, “una Iglesia pobre y para los pobres”. Para empezar, ya ha sometido a examen las cuentas del banco del Vaticano, esa institución oscura que tanto tuvo que ver con la caída en desgracia de Benedicto XVI.

Benedicto XVI regresa sin pompa al Vaticano para vivir retirado

miércoles, 13 de marzo de 2013

Maradona:

VLmundo │ El exfutbolista argentino Diego Armando Maradona celebró la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como nuevo Sumo Pontífice, aseguró que "el Dios del fútbol es argentino, y ahora también el papa" y anunció su deseo de reunirse con él. 

Maradona, quien trabaja en Dubai como asesor de empresas organizadoras de espectáculos deportivos, hizo llegar su reacción sobre la elección de Francisco I a los medios de comunicación a través de su abogado, Angelo Pisani. 

El astro argentino anticipó que: "en cuanto vaya a Italia, espero poder tener una audiencia con él". Y recordó que tuvo una "emoción inolvidable" cuando fue recibido por Juan Pablo II, a quien criticó después en varias ocasiones. 

El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, jesuita y arzobispo de Buenos Aires, se convirtió hoy en el pontífice número 266 de la Iglesia católica, en sustitución del ya papa emérito Benedicto XVI, quien hizo efectiva su renuncia el pasado 28 de febrero.

Maradona: "El Dios del fútbol es argentino, y ahora también el papa"

Jorge Mario Bergoglio, Francisco I, es el nuevo Papa Foto: AFP

VLmundo │ A las 19.08 ha salido la fumata blanca por la chimenea de San Pedro. Jorge Mario Bergoglio, argentino de 76 años, ha sido el elegido. Es el primer Pontífice jesuita. Los cardenales han conseguido elegir al sucesor de Benedicto XVI en el segundo día de cónclave tras al menos cuatro votaciones. Las campanas de la basílica de San Pedro han repicado celebrando la elección de un nuevo pontífice mientras miles de personas resguardadas por paraguas esperaban a que el nuevo Papa saliera a saludar al balcón de la logia central de la basílica.



El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, de 77 años y jesuíta, es el nuevo Papa Francisco I. Pasadas las 8 de la tarde, el cardenal Tauran ha pronunciado el «Habemus Papam» para a continuación revelar el nombre del nuevo Pontífice ante la máxima expectación de millones de personas en el mundo.
El nuevo Pontífice fue el segundo más votado en el cónclave de 2005, en el que fue elegido el alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.
A las 20.22, como es tradición, el nuevo Papa se ha asomado al balcón central de la Basílica de San Pedro, donde ha recibido la ovación de la miles de personas que desafían la lluvia y el frío en la Plaza de San Pedro. «Primero de todo, quiero elevar una oración por nuestro Papa emérito», han sido sus primeras palabras. A continuación, ha rezado el Padre Nuestro junto a los fieles de la plaza y ha impartido la bendición 



Iglesias de Argentina repican sus campanas por nuevo Papa:


Con repique de campanas en todas las iglesias y los conventos de buenos aires, se anunció hoy la salida de humo blanco en la chimenea del Vaticano, que indica la elección del nuevo Papa, como signo de gozo y gratitud a Dios, informó el Arzobispado de buenos aires.







Jorge Mario Bergoglio, primer papa latinoamericano

 
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